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25 noviembre, 2019

Concentremos El Amor…

Lunes 25 Noviembre

Lucas 21, 1-4

~ Ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, 

todo cuanto tenía para vivir ~

Aquella mañana Jesús buscaba con la mirada, leyendo en los gestos y actitudes de quienes entraban a realizar sus rezos cotidianos, la autenticidad de su relación con Dios.

Detrás de la imagen de los ricos que echaban donativos en el arca del Tesoro no solo hay que considerar a los ricos económicos, sino a quienes cumplen con Dios, dando de lo que les sobra.

Nos viene a la mente revisar nuestras relaciones con los demás: así como una relación fundada en lo mínimo de nuestra donación se acaba pronto, igual sucede en nuestra relación con Dios.

La enseñanza de Jesús a sus discípulos respecto del donativo de la viuda pobre que echó dos moneditas ––ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir–– nos permite leer que aquella mujer, y todos los que deseamos una relación profunda y perenne con Dios, se da a sí misma, y se pone en las manos de Dios, por el bien de los demás. Ella sabe que necesita de ese mínimo dinero para vivir/comer ese día. Parece un acto irresponsable, y sin embargo, no lo es. La intención de su donativo tampoco discurre en que Dios le devuelva más, sino que a través del ejercicio de la caridad del templo, su donativo de amor llegue a sus semejantes más pobres.

El tema que nos ocupa no es ni la crítica a los ricos que dan de lo que les sobra, ni tampoco ensalzar a los pobres por su desprendimiento; es la capacidad y decisión de “darse a sí mismo” en el plan de Dios.

Así como Jesús se sacrificó una sola vez para salvar al mundo, de igual forma el gesto/sacrificio de la viuda concentró todo su amor a Dios y a sus semejantes. A su donación personal no le falta nada, y no se le puede agregar nada; en efecto, igual que en el sacrificio de Jesús, la donación de la viuda está completa.

¿Qué le falta a nuestra donación para que se complete?

¡Concentremos el amor a Dios y a nuestros hermanos! Seguro nos irá bien.

Oración:

Señor Jesús, me fascina imaginarte en el templo de Jerusalén, no como un censor, sino buscando la pureza de la fe y de la religión. Ven al templo de la comunidad en la que practico tu Evangelio, e inspíranos nuevas formas de donarnos. Sobre todo, te pido que vengas a mi templo interior, déjame ver tu rostro al momento de estarme donando, y así sabré si mi don se acerca a lo que nos pides. Que pueda yo constatar en mi entorno social y laboral el progreso de muchos a la hora de adherirse a tu proyecto.

Permite que junto a mi familia concentremos nuestro amor en signos semejantes al de la viuda, y que hagamos este camino de amor con discreción y gratitud. Amén.

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