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15 marzo, 2019

Dar Y Recibir

Dar Y Recibir - La Retama

Lunes 2° Cuaresma. Lucas 6, 36-38.

~ En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Sean compasivos, como su Padre es compasivo. No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante. Porque con la medida con que midan serán medidos. ~

Cuando Jesús insiste en que vayamos más allá, en la vivencia de la justicia, el perdón y del amor, en el fondo nos regala la posibilidad de dar y recibir a lo divino.

Quien no es compasivo, juzga, condena y no perdona, está cerrado a toda posibilidad del amor y de la trascendencia en Dios. A una persona así la podemos diagnosticar de enferma mental y espiritual.

Dar y recibir está al centro de nuestro yo. Nuestra estabilidad psicológica y espiritual, nunca estará completa sin este ejercicio. Pero ahora, se nos presenta de una manera única y trascendente. Parece que nuestra vida pende de esta realidad.

La compasión, la prudencia, la indulgencia y el perdón son actitudes del amor con las cuales trascendemos. Más allá de ser virtuosos, se trata de abrir las puertas a la abundancia que nos viene de Dios; al ejercer estos aspectos del amor, abrimos las puertas al amor que nos viene de Dios.

Dar y recibir, es divertido y esperanzador. Pero sobre todo es la posibilidad de crecer en Dios. Si hemos recibido una medida buena, apretada, remecida y rebosante, ¿Por qué no dar a manos llenas? Si no la hemos recibido, empecemos por dar, sobre todo en el amor, en cualquiera de sus expresiones, veremos que nuestro equilibrio psicológico, afectivo y espiritual se afirma con toda clase de riquezas.

La misericordia y el perdón, son cualidades de Dios, si nos esmeramos en reflejar esta imagen suya, nos realizaremos plenamente. La vida cotidiana nos presenta dos caminos: la oportunidad de vivir la misericordia o la desgracia de empobrecernos en nuestro egoísmo y mezquindad.

Abramos nuestras manos para dar… y recibir.

Oración:
Señor Jesús, Tú has venido al mundo, no para condenarlo, sino para dar tu vida por el perdón de los pecadores. Reconozco con vergüenza, que muchas veces me he erigido como juez de mis hermanos. Creo que me falta dar y recibir al modo tuyo.
Permite que junto con mi familia, hagamos un camino maravilloso de intercambio en tu misericordia. Amén.

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