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29 enero, 2021

Desterremos el mal espíritu

Sábado 30 Enero

Marcos 4, 35-41

 

~ ¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen? ~

 

Es probable que los discípulos, hasta este momento de su seguimiento con Jesús, no hubieran entendido la universalidad de su proyecto.

La “otra orilla”, es la del país pagano. Parece que los discípulos han secuestrado a Jesús para impedir que los nuevos seguidores, los no israelitas, —que van en las otras barcas—, se integren a la misión. No han abandonado sus categorías judeizantes. Esto representa la borrasca, el viento contrario o borrasca del mal espíritu.

Jesús hace que dejen de sentir su presencia, dormita dejándolos de frente a su propia división. Cuando lo despiertan, tiene que resolver la situación: increpa al mar como antes lo había hecho con los espíritus inmundos, y genera el orden y la calma.

El mal espíritu no sirve para una misión  tan grande y noble como la de Jesús. Ésta excede con mucho las mentes obtusas y el deseo de control o de dominio.

Al final, los discípulos tienen que preguntarse, cómo es este poder de Jesús, parecido al de Dios; tienen que empezar a familiarizarse con el binomio hombre-Dios que se manifiesta en Jesús.

Al centro de este Evangelio encontramos “la fe en Jesús” y la “adhesión a su proyecto”. Es posible que en algunos momentos de nuestra vida, igual que los discípulos, nos hayamos dejado llevar por este “mal espíritu” del egoísmo y el acaparamiento de Jesús; si esto es verdad, hoy podemos constatar lo limitado de nuestra fe.

Después de una travesía como esa —que podría ser parte de nuestras vidas, cuando hemos estado en crisis—, cuando nos da la impresión que Dios duerme, descubrimos que es al contrario, que somos nosotros quienes no lo dejamos actuar su misterio de salvación.

¿Cuándo he pretendido acaparar y controlar a Dios? ¿En qué momentos de mi vida, el mal espíritu del deseo de control o de dominio me ha ofuscado?

Parece que hace falta desterrar el mal espíritu, no solo de frente a Jesús, también frente a los demás. Al caer la tarde seremos más gratos a Dios, más inteligentes para su proyecto y menos egoístas y temerosos.

 

Oración:

Señor Jesús, qué aprisa cae la tarde de mi vida. No permitas que pierda el tiempo en envidias y egoísmos, ni siquiera en las cosas del mundo, menos en la comunicación de tu persona; hay tantos que te necesitan, y creo que algunos, por mediación mía.

Permite que junto con mi familia, desterremos el mal espíritu que no nos deja compartir lo más bello que hemos alcanzado; que perdamos el miedo a lo divino, a tu proyecto y a actuar como tú nos pides. Amén.

 

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