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12 junio, 2019

La ley que nos hace libres…

Miércoles 10° Ordinario. Mateo 5, 17-19

~ No piensen que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No les he venido a abolir, sino a darles cumplimiento. Sí, se lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. ~

Quienes seguían a Jesús, se precipitaron en la comprensión de su proyecto. En el pasaje de hoy, descubrimos que algunos pensaban que echaría por tierra el Antiguo Testamento, la Ley y los Profetas. Pero Jesús, no viene como un líder surgido de la nada, que intenta enarbolar una ideología cualquiera; por el contrario, encarna la promesa de Dios que está por cumplirse.

Es verdad que el pueblo de Israel, necesitaba una nueva liberación. Tendrían en mente el recuerdo del éxodo de Egipto, pero la nueva liberación que Jesús ofrece, implica el paso por la cruz. Su nueva ley: las bienaventuranzas, son la explicitación del espíritu de la primera. Es una ley de amor que invierte los valores de la sociedad, poniendo en alto a los más pequeños. Se requiere, por tanto una nueva actitud e interpretar la nueva liberación de Dios, desde el mandamiento del amor.

Igual que en tiempo de Jesús, nosotros añoramos una liberación real y profunda. Sin embargo, imbuidos de la mentalidad que propone una libertad desligada de nuestros orígenes, de los valores familiares, de reglas o normas objetivas, podemos caer en la tentación de echar abajo nuestra propia identidad.

Es necesario considerar que, no todo lo que suponga un límite a nuestros deseos momentáneos es contrario a nuestra libertad; por el contrario, la verdadera libertad nos propone una ley bien profunda, que nos rescata de la esclavitud de nuestros deseos más egoístas, y de los ídolos del poder, el tener y el placer. A cambio de estas desviaciones, la verdadera libertad nos capacita para seguir nuestra innata vocación al servicio, al amor y a Dios mismo.

Los mandamientos que hay que observar para ser grande en el Reino de los Cielos, llevan nuestro propio espíritu, y nos ayudan a construir la justicia, el amor y la paz en nuestra familia y en nuestro entorno. Ponerlos en práctica lejos de significar una alienación, son un camino hermoso de libertad, en el que el amor y la felicidad se desarrollan.

Oración:

Señor Jesús, gracias por tu ley de amor inscrita en nuestros corazones. Aunque a veces deseo que el mundo cambie, ayúdame a no cambiar yo, sino a seguirte en cada sacramento y en cada mandamiento que nos das.

Permite que mi familia experimente la garantía de tu mandamiento nuevo. Que seamos libres para vivir, servir y amar. Y que nuestra alegría crezca en la cercanía de tu persona. Amén.

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