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25 agosto, 2019

No Tenemos La Exclusiva De La Salvación

Domingo 25 Agosto

Lucas 13, 22-30

~ “Luchen por entrar por la puerta estrecha, porque, les digo, muchos pretenderán entrar y no podrán” ~

 

Estos últimos domingos hemos descubierto las exigencias que Jesús presenta para quienes quieren entrar en el Reino de los cielos, una realidad que ya hacemos presente aquí, en la tierra, cuando actuamos de acuerdo a sus criterios. Hace unos días, descubrimos que la Paz de Cristo es distinta de la que ofrece el mundo. La Paz de Cristo viene luego de haberse hecho violencia interior, de haberse definido en Cristo, de haber aceptado su fuego purificador, y de adherirse a Él con lazos que superan los lazos de sangre. No es una paz simulada, como la falsa paz del orden establecido, que ofrece la sociedad.

Hoy, las exigencias del Reino nos llevan a descubrir que “es preciso esforzarse en entrar por la puerta angosta”. Descubrimos que no por el solo hecho de estar bautizados y pertenecer a la Iglesia católica, tenemos “la exclusiva de la salvación”. No. Porque vendrán otros de oriente y de occidente, como dice la lectura de Isaías, trayendo también sus ofrendas aunque no hayan conocido a Cristo.

Esta es la idea: “esforzarse en entrar”, es importante considerarlo porque vivimos en un mundo de exclusivas en el que casi no nos esforzamos por alcanzar las cosas. El tráfico de influencia, la corrupción, etc. Pueden hacernos perder de vista nuestra realidad trascendente y creer que salvarse es cosa fácil. En el mundo de las exclusivas muchos quedan excluidos de manera sistemática, y otros no se esfuerzan por merecer nada porque todo se puede alcanzar sin mucho esfuerzo. Así pensaba el pueblo de Israel cuando Jesús los lleva a entender la salvación como algo personal. Porque como pueblo no han sabido responder.

Oración:

Señor Jesús, no me dejes afuera. Que ya inicie mi camino decidido de opción por ti; que forcejee y me esfuerce en llevar a la práctica tus enseñanzas. Que yo te responda trayendo mis propias ofrendas y construyendo tu Iglesia desde mi familia y mi comunidad; que junto con los míos, hagamos crecer el número de los que se han de salvar. Amén.

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