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17 junio, 2022

Preocupaciones Que No Quitan El Sueño…

Sábado 18 Junio

Mateo 6, 24-34

 

~ Busquen primero el Reino y su justicia,

y todas esas cosas se les darán por añadidura ~

 

Los que han renunciado a todo, no pueden estar preocupados por lo material. Dios es generoso con todas sus creaturas, pero lo es de manera especial por quienes tratan de ser fieles.

 

El Evangelio que leemos hoy, nos permite imaginar la manera en que Dios actúa en nosotros y en nuestra vida cotidiana. Va más allá de la sola providencia. Se trata del don de Dios; pero un don en el que Él mismo se da. Así, el dador es más precioso que el mismo don. Por tanto, si Dios se nos da, todo lo demás viene por añadidura.

 

Pensemos que las veces en que hemos recibido a Dios, las veces cuando constatamos que el don más grande es su amistad, su presencia y su amor. Es probable que Jesús hubiera querido que sus discípulos aprendieran esto: a pedir y custodiar siempre el mejor don. Y además de eso, a vivir libres de preocupaciones ociosas.

 

¿Qué preocupaciones nos quitan el sueño? ¿Cuál debería ser nuestra gran preocupación? ¿De qué, tenemos necesidad?

 

La preocupación prioritaria, desde hace dos mil años, para quienes seguimos a Jesús, es que se haga realidad la justicia y la paz del Reino de Dios; es decir, que Dios reine en nuestro día a día, como personas, familia y comunidad. Lo demás vendrá como resultado de la presencia continua de Dios. Por eso hay que “buscar el Reino de Dios”.

 

De la expresión: cada día tiene bastante con su propia dificultad, recojamos la idea de vivir en el presente a plenitud, porque al día de mañana, no le faltará la solicitud del Padre Dios.

 

¿En qué te preocupas tanto, que no te deja inteligencia y amor para gozar lo más precioso que Dios te da?

 

Oración:

Señor Jesús, reconozco que me preocupo por cosas de poco valor. Mi necesidad de controlar en mi trabajo y en mi familia, me lleva a perder de vista lo más importante de mi vida. Ayúdame a salir de esta visión cerrada. Que aprenda a confiarme en ti, a abandonarme en tus manos y a experimentar la libertad que da esta confianza.

 

Permite que junto con los míos, en casa, dejemos de preocuparnos de tonterías, y empecemos a ser libres, preocupados solo por agradarte, servir y amar. Amén.

 

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