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8 mayo, 2019

Que ninguno se pierda

Miércoles 3° Pascua. Juan 6, 35-40

~ Les contestó Jesús: “Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero como les he dicho: me han visto en persona y, sin embargo, no creen. Todo lo que me da el Padre llega hasta mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no se pierda ninguno de los que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día”. ~

El tema de este episodio contiene la idea central del Evangelio de Juan: Jesús es dador de vida. Su origen está en Dios, y se identifica con Él.

La mejor manera de recibir esta vida que Jesús nos da, sucede en la comunión con Él, en la comunicación de vida con Él, al modo en que es Dios hacia sí mismo en las tres divinas personas: una comunicación continua de vida y de amor.

Es necesario que al leer este Evangelio entendamos que el pan de vida que es Jesús, y que podemos ser nosotros, es al mismo tiempo Jesús revelado, pero también Jesús eucarístico. Esto nos queda claro si somos conscientes de que por medio de la Eucaristía entramos en comunión perfecta con Dios.

La razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, pan de vida, radica aquí, en el don de Jesús, que es más fuerte que la muerte; en el don de su amor, que nos hace resucitar de entre los muertos. No es exagerado pensar así a Jesús, sobre todo si recordamos su oración eucarística y luego la vigilia de su pasión. Dio la vida para que nosotros tuviéramos vida. Esa fue su misión, la voluntad de su Padre: que cuantos creyéramos en él tuviéramos vida eterna y resucitáramos el último día.

Por dos mil años la humanidad ha buscado este alimento. Y aunque siempre lo ha tenido enfrente, no todos aciertan a tomarlo. Que nosotros lo alcancemos hoy, que tomemos el pan de vida. Que no nos perdamos.

Oración:
Señor Jesús, dame de tu pan, introdúceme en la comunión de vida y de amor que tienes con nuestro Padre Dios; lléname de Espíritu para alcanzarte como alimento, para gozarme en un diálogo ininterrumpido de amor y para trascender esta vida.
Que en mi hogar ninguno se pierda, que no tengamos otra forma de vida que no sea la eucarística. Amén.

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