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15 junio, 2019

Si sí, sí… lo demás viene del maligno…

Sábado 10° Ordinario. Mateo 5, 33-37

~ Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: “Sí, sí”; “no, no”: que lo que pasa de aquí viene del Maligno. ~

Continuamos con la interpretación que Jesús hace de la ley. En la nueva ética que Él propone, el juramento no tiene lugar en la relación con Dios. Y el juramento que se dan entre las personas, muestra la mentalidad engañosa de una de las partes o de las dos; manifiesta la desconfianza respecto del otro.

El juramento, entonces, no tiene lugar en la nueva práctica de la ley. Por lo mismo, el perjurio queda excluido. Si no se da el juramento, tampoco existe la posibilidad del perjurio, es decir, posibilidad de fallar o incumplir un juramento hecho a Dios.

En el fondo, Jesús promueve la fidelidad a la voluntad de su Padre. No se requieren más leyes, sino una respuesta fiel y amorosa de parte del hombre a Dios.

La novedad de Jesús, respecto de las anteriores interpretaciones de la ley judía, está en la fidelidad a Dios. Jesús recupera y pone en el centro el sentido y el espíritu de la ley, no una letra muerta, adormilada o manipulada; sino la vida del amor.

En efecto, Jesús es la Buena Noticia del amor. Este es su evangelio: el amor de Dios a la persona humana; por lo mismo, la respuesta del hombre se discurre de la misma manera, como un amor incondicional a Dios y al ser humano.

Esta es la novedad y la superioridad de la ley cristiana, que la ley de amor, se convierte en un pedagogo, que supera el culto vacío y pone en su lugar la acción del amor y la búsqueda de la voluntad de Dios. No se contenta con una observancia externa qué cumplir, sino que se estira hasta alcanzar una ética de conversión personal al amor de Dios.

Recordemos hoy, las veces en que hemos tenido necesidad de hacer un juramento, y la pureza de esta intención. Si lo pensamos bien, cuando realmente deseamos algo, con amor puro, no son necesarias las palabras, sino las acciones que cambian situaciones y vidas, sobre todo en la familia. Es posible que hoy mismo, baste un cambio de actitud en ti, para renovar cualquier relación: laboral, de amistad, y no se diga de pareja y familia.

Seamos transparentes, sin necesidad de justificarnos en ninguna ley. Digamos simplemente “Sí, cuando es sí y No, cuando es no”, estaremos en paz de haber salvaguardado el amor.

Oración:

Señor Jesús, qué clara se me hace tu regla de vida y de amor, y a veces qué difícil. Ayúdame a ser transparente, sin dobles intenciones, a generar el amor antes que el dominio o la manipulación.

Permite que en casa, con mi familia, leamos tu ley de amor a cada momento, y seamos valientes y libres para trascender en al amor. Amén.

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