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24 noviembre, 2019

Vivamos El Reinado…

Domingo 24 Noviembre

Lucas 23, 35-43

~ Yo te aseguro: “hoy estarás conmigo en el Paraíso” ~

Lucas nos presenta el escarnio de Jesús en el calvario. Algunos piden que Jesús baje de la cruz para burlarse y para justificarse: las autoridades, los soldados y uno de los malhechores. Ellos decían: “Sálvate a ti mismo”. Entendían que para ser rey había que bajarse de la cruz. Para Jesús ser rey es entregar la vida por todos. Ellos no se dieron cuenta que Jesús estaba reinando, que estaba salvando precisamente permaneciendo allí, en la cruz, como Cordero inmolado.

En la misma escena veamos a María, la madre de Jesús, a las mujeres que lo acompañaban y a Juan, el discípulo amado. Ellos permanecían con Jesús, viviendo su reinado. El malhechor que le pedía acordarse de él en el paraíso, pudo experimentar la cercanía de Jesús. Sin entender gran cosa, le pareció que era real, creyó que detrás del rostro desfigurado de Cristo estaba el que habría de salvarlo. Por eso recibió el “hoy” de la salvación: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (23,43). Estos personajes vivieron el reinado de Cristo, estuvieron ahí, con fe. Aceptaron la manera en que Jesús quiso revelar el amor de Dios.

Podríamos preguntarnos cuántas veces estamos pidiendo que Jesús reine según nuestras categorías; es decir, que baje de la cruz, en lugar de vivir la manera en que Él reina: entregando vida. Tratamos de salvarnos a nosotros mismos, en lugar de dejar que Jesús nos salve desde la cruz. Hoy podemos asumir que lo único que se requiere para salvarse es vivir el reinado allí, en el momento crítico de la cruz, entendiendo con fe, que nuestro “hoy” del paraíso es inmediato, por el solo hecho de estar con Jesús, en el momento en que abre el cielo para los que estamos con Él.

Pero, ¿cómo se puede estar ahí en la cruz y vivir el reinado de Cristo Rey?

Oración:

Señor Jesús, creo que me hiciste para reinar, pero muchas veces he tratado de salvarme a mí mismo, y por eso me pierdo. Ayúdame a abandonar toda pretensión de superioridad y de dominio. Que me oriente a vivir la experiencia de la donación y del amor; que dé vida a los demás. 

Haz posible que junto con los míos, nos mantengamos en la tensión de nuestras nuevas cruces, esperando tocar lo profundo del corazón de quienes parece que nos crucifican. Que pasemos de espectadores o de dominadores, a ser reyes contigo, a vivir el reinado aquí, cerca de ti, en nuestra realidad diaria, en la certeza de tu señorío y de tu salvación. Que experimentemos que el mundo futuro no está relegado al final de la historia, sino que se está abriendo en tu “Hoy” y en el nuestro. Amen.

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